Blanco... Como cuando todos los colores se unen.

sábado, 30 de mayo de 2015

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   Y así, Mamá Topazio y yo nos dispusimos a vivir felices para siempre, aunque para siempre parecieran sólo seis años, o solo mil sueños, o un millón de sonrisas... o todos los latidos del corazón.

   Hoy celebramos el infinito; celebramos la profundidad en el pozo de sus bellos ojos donde se reflejan nuestras manos entrelazadas; celebramos cada centímetro cúbico de la presencia de Dios en nuestro aire, celebramos la dulzura en la melodía de cada "mami" y "papi", nos regocijamos con los nuevos tallos por donde corre la sangre cálida y abrasadora de nuestro amor... Hoy un lustro es solo la víspera de la eternidad y el año que lo empuja es el futuro narrado con fondo musical.

   Todo es posible, sobre todo la felicidad.

   Ahora cerramos los ojos y solo escuchamos sus pasos en nuestros corazones, oscilando continuamente, creciendo más y más hasta alcanzar los músculos que agitan las comisuras de nuestros labios; abrimos los ojos y nos encontramos con el collage de sus alegrías desbordadas en gritos, risas y abrazos. Suspiramos, y con el aire nos embriagamos de humildad y agradecimiento al percibir el aroma de sus oraciones entonadas apuntando justo hacia el Ridván.  Dormimos solo para soñar a Dante comiéndose un helado mientras 'Alí le cuenta historias sobre lo que será el mundo cuando tenga su edad; después los vemos construyendo de nuevo esa pista que lleva desde la sala hasta la cocina, o levantando sus castillos con las almohadas y cojines de la casa e inventado esos juegos que tienen cientos de reglas, y un segundo después, ni una sola de ellas.

   Ya no existe algo en el mundo que pueda romper la promesa que hicimos Mamá Topazio y yo aquél día en que mientras nuestras miradas se dirigían al cielo y nuestras manos estaban sobre el vientre de ella, elevamos nuestros corazones como ofrenda a su porvenir.  Ya logramos cruzar el frío y engañoso río de la incertidumbre, quemamos los manuscritos bañados en sal de tristezas y soledades y los reemplazamos colgando pergaminos de palabras dulces en cada pared del hogar, remendamos cada rencor y nostalgia con seda y miel que sale de nuestros poros cada vez que su madre toma mi mano.  Ahora hijos, ya no habrá nada que les aceche y asalte mientras duermen, ya no habrá frases incompletas, llantos en medio de la noche, preguntas sin responder o trasplantes de sueños, no habrá mas migraciones o días cortos... Ya no habrá lluvias permanentes ni ventanas rotas...  A partir de ahora, solo habrá colores, infinitos colores, chocando unos con otros, convergiendo, desintegrándose y reintegrándose una y otra vez hasta que, finalmente, se asemejen a la pureza de sus almas.  Ya solo habrá días de júbilo y alegría, de algodones de azúcar y noches frescas, de risas y carcajadas, de hot cakes por la mañana y oraciones por la noche, de música y baile, de amor, de nieve, de sus ojos y de la luna que se refleja en ellos, estos son días de llanto de alegría y de películas a media noche, de preguntas y sus respuestas, del tiempo y de los sueños... Estos son los días de ustedes, de nosotros y de nuestro amor.    

     Ésto, esto es el cielo

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