El resplandor gemelo

viernes, 22 de junio de 2012

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   Y como Alicia cuando trata de correr para que el mundo  no la deje atrás, nosotros también hemos estado corriendo atrás de sus sonrisas y llantos, agitamos los brazos tratando de alcanzarles las alas, pedaleamos mas rápido para poder tocarles la espalda mientras avanzan, apretamos los ojos con mas fuerza para embelesarnos con todas las estrellas que salen de sus gargantas, suspiramos hondo, hasta casi asfixiarnos de sus sueños, y todo ésto, para no perdernos un solo momento de sus vidas.

   Pero es que desde que ambos abrieron sus ojos para inyectarse de la realidad, nosotros hemos tenido algunas iniciativas para mantenerlos suspendidos:

-  Tomarlos de las manos mientras se recuestan en las nubes.
-  Cambiarles los calcetines después de jugar a hacer olas en los charcos.
-  Treparlos en cualquier rehilete, cohete, unicornio, cochecito, asteroide o familiar que les guste.
-  Cantarles en todos los idiomas y lenguas vivas, muertas, dormidas, despistadas y castigadas.
-  Pelear contra fantasmas, monstruos, antepasados rencorosos, payasos graciosos, desconocidos, contra la oscuridad, la regadera y hasta contra la despedida momentánea o el adiós inevitable.
-  Regalarles La Llave que abre la Puerta hacia Dios.
-  Comprar todas las luces, todos los colores, todas las formas y texturas, todos los aromas y todas las emociones que los encantan con sus bailes y coqueteos.  Después, una vez en casa, les enseñamos a mezclarlos, conjugarlos, desarmarlos, y hasta guardarlos en un lugar apropiado.

-  Últimamente hemos tenido que hacer aterrizajes forzosos en sus camas, en tinas de agua fría y en bancas de hospitales, ya que hemos notado una tendencia rara de sus cuerpos a boicotearles la alegría con sus enfermedades y pesadillas.
-  Creamos un puente seguro entre los besos que suelen compartir entre ustedes, con sus tías, sus abuelos y  con nosotros.  Lo adornamos con flores y letras pequeñas que sirven como pasamanos... ojalá que siempre se sujeten bien de ellas...
-  Construimos la habitación oscura donde Mamá Topazio y yo intentamos ponernos de acuerdo sobre la velocidad del viento, la densidad del aire, el color de los rayos solares, el aroma de las mañanas, los atardeceres y de los días de lluvia, sobre la cantidad de sonidos que rebotarían en el jardín de su corazón y las sombras innecesarias que taparíamos con espejos de su propia alma... para que nunca tuvieran que vernos convertidos en torpedos acechando su hermosa y limpia playa.

   Debemos ser sinceros con ustedes:

   Tenemos un manojo completo de incertidumbres y miedos que todavía nos amargan la merienda, no hemos logrado dibujar el retrato completo aún, ni siquiera hemos llegado a encontrar el árbol de frutos que estará en la entrada de su hogar... Tenemos un par de crónicas que no hemos incluido en la película, porque aún no se ha traducido al idioma del amor, de la aquiescencia y del perdón... Ojalá que para cuando ustedes ya jueguen con los juguetes de ésta realidad, nosotros hayamos concluido con nuestra más grande y noble labor.

   Mientras tanto aquí estamos, aquí seguimos, aquí iniciamos todos los días la melodía matutina y la oración previa al descanso, aquí estaremos para cerrar los ojos y juntar las manos con las del cielo, aquí seremos sus  gárgolas, sus alebrijes, sus paladínes, sus doncellas y sus avatares... aquí seremos lo que Dios nos permitió ser... sus Padres.

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