Conversaciones (internas) con un pediatra...

martes, 26 de enero de 2010

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-Buenas tardes! ¿Que tal?


-¿Que tal doc? Venimos para que revise (no!, para que admire) a nuestro hijo.

-Claro, pero primero, unas preguntas.


-Adelante


-¿Que calificación obtuvo su hijo a la hora de nacer?
(¿Qué?!.... Ha si, no sabía que daban una calificación, pero en un sueño, me dijeron los ángeles que tenía un nueve. -¿Un nueve? ¿Y eso? -Sencillo doc, me dijeron que el diez se lo quitaron después de cegar a todos los que presenciaron su nacimiento, el primero, claro está. -Quizá yo hubiera hecho lo mismo. -Quizá por eso usted no es padre de éste niño. -Quizás


-Un ocho doctor


-¿Cuanto pesó?
(Pesó el equivalente a un tinaco de lágrimas; 3/4 de felicidad y el resto de dolor; también si le agrega el peso de las alas que su abuelo Javier le compró en uno de sus sueños, las estrellas que su abuela Guille le escondió en las manos, la torta que nos prometieron y no le hemos quitado debajo del brazo, la corona de chocolate con la que lo baña su abuela Rosario y todos las oraciones que el padre y la madre le cultivaron en el corazón; su peso es el de Goliat, el de la Torre Eiffel, el de la Luna y el de una melodía eterna.)


- Peso 2,800 kilos doc


- Muy bien, ahora, ¿cuánto midió?

(Midió de aquí a los ojos de Topazio, a las manos en un piano de Vahíd, midió hasta los ancestros que forjaron su segundo nombre, midió todas las edades y los tiempos, midió lo que mide un deseo y lo que mide el amor de unos padres por su hijo.)


- Creemos que 53 centímetros doc.


- Yo no creo, porque eso es lo que mide en este momento.
(si doc, nosotros tenemos la culpa de eso... solo le dejamos crecer el corazón y algunas vísceras importantes para su autosuficiencia, le dejamos crecer el estómago para que pudiera digerir nuestras palabras, el hígado para que aproveche el azúcar de la voz de su madre, los riñones para que filtre el cáliz de las palabras de su Señor, los ojos... -Discúlpeme, pero esos siempre han tenido y tendrán el mismo tamaño -Tiene razón doc, pero nosotros le liberamos a la niña de sus ojos, parecía tan brillante, tan límpia, que nos pareció injusto que estuviera encerrada, eso quizá le quito algunos gramos de encima a nuestro hijo - Entonces? Ahora que tiene en su lugar? Le pusimos un sol, ese brilla sin necesidad de atención... aunque viera usted doc. cómo cautiva esa mirada cálida. -Entonces este niño esta mas que sano jóvenes. -Gracias doc

- Tal vez lo midieron mal en el hospital

- Pues no importa, ¿o si?

- No, para nada
(De cualquier modo su hijo sigue siendo único)

- Bueno doc, si es todo, nos retiramos
(tenemos que ir a seguir iluminándo nuestra casa con la risa del niño)

- Muy bien, solo les pido que paguen en caja la cantidad de $400.00 pesos
(con unos dulces estaría bien, o igual pueden dejar un comentario de agradecimiento. -Téngalo por seguro doc.)

- Hasta luego doc.
(quizá nos veamos en un siglo o en un milenio...)

-Adiós

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